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Historia del Picazo |
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Es difícil, por no decir imposible, situar con cierta exactitud el
origen del pueblo y quiénes fueron sus primeros pobladores.
Al tratarse de una población que, hasta bien entrado el s. XVII no ha tenido cierta importancia e independencia los datos que
aparecen resultan muy dispersos y fragmentarios. Y casi todos ellos
unidos a Alarcón del que fue aldea y lugar hasta bien entrado el siglo
XIX. Por su especial situación, en un fértil valle del río Júcar
en plena región de La Mancha, debió
tener algún tipo de población desde la más remota antigüedad. |
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Los primeros restos de población que se conocen en la zona son los de un poblado celtibérico hallados en el cerro de Santa Quiteria ( actualmente en término de Tébar). Los pueblos asentados en esta región fueron romanizados a lo largo del s. II a.C. y probablemente, la primitiva población asentada en el poblado del cerro , al avanzar la colonización romana y desaparecer la necesidad de protegerse de ataques enemigos, fue abandonando el emplazamiento primitivo en la altura del cerro y fue bajando siguiendo la ribera de la Rambla de Tébar ( que en la antigüedad sería un arroyo con agua la mayor parte del año) hasta afincarse definitivamente en la orilla del río Júcar, a lo largo de la calzada romana, dejando abandonado el poblado de Santa Quiteria.
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ruinas de viviendas |
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Es
un hecho que, desde los primeros documentos que aparecen, se describen
diversas casas de campo habitadas entre Santa Quiteria y el
emplazamiento del pueblo actual. (La Veguilla, Calvillos, Casa de
Cardos...)
El primitivo poblado de Santa Quiteria debió quedar abandonado a
comienzos de la época romana permaneciendo alguna población mínima
desperdigada por la ribera del río Júcar.
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De dicha época está documentada la existencia de una vía romana secundaria que, partiendo del puente romano del Picazo, en Alarcón, siguiendo los actuales caminos de Alarcón y de la Losa, llegaba hasta La Roda (donde se unía con la vía que partiendo de Complutum (Alcalá de Henares) llegaba hasta Cartago Nova (Cartagena)).
La población se
fue afincando por esas fechas a lo largo de la vía romana, dando lugar,
con el tiempo a la calle de Alarcón y que fue el origen del
actual pueblo. De origen romano son todas las casas de campo que existían desperdigadas por el término y que despues de la reconquista se convirtieron en las residencias de las familias más importantes: Calvillos, la Varga, Mondéjar, Cardos, Ruiz, Marañosa, etc.
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la antigua vía romana |
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Con la llegada de los árabes comienza
el desarrollo de un verdaderol núcleo de población y el asentamiento definitivo
de la población en
la ribera del río Júcar.
Si bien no quedan restos de aquel
período,
sí que ha perdurado su recuerdo en la cultura y forma de vida del
Picazo.
De esta época proviene la
leyenda del peñasco de la Encantada, promontorio existente al norte del
término municipal y que, según dicha leyenda, está habitado por una
mora encantada que cada año, el día de San Juan, baja a la orilla del
río a peinar sus cabellos. De
esa cultura proviene diversas prácticas tradicionales en el pueblo, v.g.
la forma de matar los pollos, desangrándolos antes de comerlos, según
la costumbre islámica, y diversas técnicas de cultivo y construcción,
en especial las presas en el río para molinos y batanes. |
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Una
de sus aportaciones principales fue el sistema de riego. Los árabes
introdujeron la azuda, una rueda grande, que se colocaba en el río y
que, aprovechando la fuerza de la corriente, elevaba
el agua por medio de cangilones y arcaduces
y permitía su distribución a través de las balsas y
canalizaciones a toda la huerta. Junto con la azuda introdujeron la
noria, elemento esencial en la vida del Picazo durante siglos.
Este sistema de riego ha perdurado exactamente igual hasta el último
tercio del siglo XX en donde la instalación de motores y el riego por
aspersión y goteo ha producido el abandono del sistema tradicional.
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noria |
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La historia del Picazo va unida a Alarcón como aldea
suya hasta el siglo XVI y como lugar dependiente
de Alarcón hasta bien entrado el siglo XIX, cuando adquiere la categoría
de villa. |
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panorámica de Alarcón desde el Picazo |
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Alarcón fue conquistada definitivamente a los árabes por Don Hernán Martínez de Cevallos en nombre de Alfonso VIII en 1184. El rey Alfonso VIII, dada la importancia de Alarcón como punto estratégico de defensa de la frontera sur contra los moros, aumentó sus defensas, la repobló con gran afluencia de nobles y le otorgó un fuero propio. |
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El Picazo, dada la cercanía debió de ser una de las primeras aldeas de
Alarcón, bien por donación real o por haber sido repoblada por vecinos
de Alarcón dentro de su término.
En el siglo XV, el señorío de Alarcón, y con él, el Picazo, pasó a
poder de Don Juan Pacheco, marqués de Villena.
Don Juan Pacheco, primer marqués de Villena, era dueño de casi toda la
Mancha, parte de Andalucía y Murcia. Sus posesiones se extendían desde Cuenca hasta
Almería. A
la muerte de Enrique IV, el marqués de Villena tomó partido por Doña
Juana la Beltraneja comenzando las guerras entre el Marquesado y los
Reyes Católicos.
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La
guerra empezó en 1475 con la sublevación de Alcaraz. |
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puente y torres vigías |
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Duró poco tiempo el acuerdo y enseguida se desató una segunda guerra. Los reyes enviaron a Jorge Manrique y Pedro Ruiz de Alarcón a luchar
contra las villas de Belmonte, Alarcón y Castillo de Garcimuñoz. Se
produjeron innumerables escaramuzas por todo el territorio, saqueando y
destruyendo numerosos lugares (Cañavate, Villanueva de la Jara,
Villarrobledo, El Peral, etc). |
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alcázar y murallas |
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Los Reyes Católicos, para acabar con la sangría de dinero y soldados, el 1 de marzo de 1480 reconocieron definitivamente al Marqués de Villena la posesión de Alarcón, su castillo, término y aldeas así como la de otras villas fieles: Castillo de Garcimuñoz, Belmonte, Escalona, etc.
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Ayuntamiento de Alarcón |
Iglesia de Santo Domingo |
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Con el final de las guerras, Alarcón y sus aldeas vivieron su mayor periodo de esplendor monumental, con la construcción y embellecimiento de iglesias y casas señoriales durante el gobierno del Marqués de Villena Don Diego López Pacheco, que falleció el 6 de noviembre de 1529. |
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Ya a mediados del siglo XVI entra Alarcón en un periodo de decadencia, consecuencia de varias causas: el final de las guerras interiores y el valor relativo de las fortalezas y castillos; el cambio de la nobleza que va dejando sus castillos y se hace cortesana; los hidalgos que emigran al Nuevo Mundo o se establecen en las aldeas para atender sus propiedades. Es este un periodo de crecimiento y desarrollo de las aldeas que enseguida superan en población a Alarcón que queda reducido a un centro administrativo, casi despoblado. |
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Hasta finales del siglo XVI el Picazo, se componía de unas pocas casas de
huertas, dos molinos harineros en el río, un mesón en la plaza,
algunas casas alrededor de la iglesia y
poco más. Formaba parte de los términos de la villa de Alarcón y
dependía del marqués de Villena, que nombraba a los alcaldes y demás
autoridades. A finales del siglo XVI y a lo largo del XVII se va trasladando al Picazo la mayor parte de los hidalgos de Alarcón y Tébar y aquí construyeron sus casas señoriales de las que se conservan las más importantes. Así aparecen los Morales, Cardos, Granero, Carrillo, Peralta, Montoya, Villanueva, Portillo, Ruiz de Monsalve, Peñaranda, Mondéjar, Alfaro, etc. A mediados del siglo XVIII, según el catastro del Marqués de la Ensenada (1752) el Picazo tiene una población de 281 vecinos, 1080 habitantes y supera ampliamente a Alarcón, aunque sigue dependiendo administrativamente de él.
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El
Picazo en la Guerra de la Independencia |
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El Picazo tuvo un papel destacado en estas luchas por su
situación estratégica ya que estaba situado en uno de los pasos más
importantes del río Júcar que comunicaba Levante con el Centro y
Andalucía.
Su importancia estratégica en las comunicaciones queda reflejada
en el expediente tramitado con el Supremo Consejo de Castilla en 1788
para reparar el puente del Picazo debido a “que
es frecuentadísimo ... para las capitales de Cádiz, Toledo, Real
Sitio de Aranjuez y otras, desde el Reino de Valencia y gran parte del
de Cataluña y de toda esta circunferencia...”. |
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El antiguo puente de madera fue reconstruido desde sus cimientos por el
vecindario en el año 1808 y sustituido por otro que tenía pilares de
piedra y una plataforma de madera para el paso de vehículos y
peatones. Este puente ha servido como único paso del río Júcar hasta 1973 en que se construyó el nuevo puente. |
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En los primeros días del mes de julio de 1808 se
presentaron por primera vez los franceses en el Picazo. Varias
divisiones y partidas pasaron cuando se dirigían desde San Clemente,
donde habían instalado su campamento,
hacia Valencia, para ocupar la región de Levante. A la llegada de las tropas francesas, la
mayor parte de los habitantes del pueblo se marcharon a los montes
cercanos y solamente quedaron en el pueblo el alcalde Juan Manuel
Pastor, el cura y algunos ancianos y mujeres. Los franceses acamparon en el pueblo y
exigieron al Alcalde que les surtieran de raciones de pan, vino,
carne, cebada y otros artículos, bajo amenaza de saquear el pueblo.
Cuando regresaron las tropas desde Valencia se produjo un hecho
que puso al pueblo al borde de la destrucción. Así lo narra el
alcalde: “ estando de permanencia una división crecida en
Villanueva de la Xara, a dos leguas cortas de distancia, ocurrio que
siete hombres armados acometieron dentro del pueblo a diez soldados
franceses con un cabo, matando cuatro y llevándose malheridos los seis
restantes con auxilio para todo de algunos vecinos”. Ante esta situación, los pocos habitantes que quedaban en el pueblo se marcharon para evitar las represalias, quedando el alcalde Juan Manuel Pastor prácticamente sólo.
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En un periodo de guerra generalizada en toda España, los pueblos quedaron abandonados a su suerte, tanto en lo administrativo como en la seguridad. Y más todavía por el hecho de estar sin jóvenes por las sucesivas levas de soldados. Para tratar de paliar esta situación la Junta de Defensa de Cuenca ordenó establecer la defensa de los pueblos por sus propios habitantes y el ayuntamiento del Picazo acuerda el 22 de mayo de 1809 organizar la Milicia Honrada y elegir el uniforme "... acordaron que la divisa que pueden llevar los voluntarios honrados de este pueblo es solapa y collarín encarnado, botón con un lema que designe su clase y el pueblo, sombrero redondo."
Durante el año
1812, como ya habían hecho con anterioridad, las tropas españolas
acamparon en varias oportunidades en el Picazo aprovechando el paso del
puente para sus marchas entre Valencia y Madrid. Y como de costumbre, se
surtieron de provisiones en el pueblo, dejando abultadas facturas que
nunca pagaron y el Ayuntamiento tuvo que recurrir a sucesivos repartos
entre los vecinos.
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La milicia nacional |
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La
Constitución de Cádiz determinó la creación de un cuerpo de milicias
nacionales, pero éste no se configuró hasta bien entrado el Trienio
Liberal (1820-1823).
En abril de 1820 se
comenzó a poner en marcha la creación de
la Milicia Nacional con el fin primordial de abortar las
intentonas golpistas de la Guardia Real, de carácter absolutista.
Los milicianos se elegían entre quienes disponían de propiedad,
renta, industria u otro modo de subsistir a juicio del ayuntamiento y
los cargos eran amovibles y electivos y eran compatibles las funciones
en la milicia con la actividad profesional. |
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Entre las obligaciones de la milicia estaban: “sostener
la Constitución”,
“dar las patrullas necesarias para mantener el sosiego público”
y “defender los hogares y términos de sus pueblos de los enemigos
interiores y exteriores” El Picazo, que era un pueblo de ideas bastante liberales, enseguida se puso manos a la obra para constituir su milicia. que quedó formada por 56 milicianos y disponía como armamento de 11 escopetas y 4 bayonetas. La milicia fue un instrumento muy importante en la vida del pueblo durante la mayor parte del siglo XIX, ya que era la única fuerza de orden en los pueblos hasta que se constituyó la Guardia Civil y se fue haciendo cargo del orden público en las zonas rurales. La milicia del Picazo tuvo un papel destacado durante las guerras carlistas.
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Las guerras carlistas |
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Al
comienzo de la sublevación carlista hubo muchos intentos en diversos
pueblos de las provincias de Cuenca y La Mancha
de unirse al partido carlista.
En realidad la mayoría de las partidas de la Mancha, más que carlistas
de ideas, eran grupos que se dedicaban a combatir por su cuenta y en
provecho propio, recaudando y extorsionando a los ricos y a los pueblos. En
el mes de setiembre de 1834 se produjo un levantamiento de facciosos
carlistas en Campillo de Altobuey, que fue atacado por la partida de Perejil.
La milicia del Picazo alertada, sale al completo a defender Campillo y,
aprovechando su ausencia, el tres de setiembre se produce un
levantamiento de los carlistas del Picazo, dirigidos por Pedro Aquilino
Zapata, de 23 años, estudiante de filosofía, natural de Cardenete,
considerado el comandante de la sublevación. |
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Una
vez que salió la milicia hacia Campillo
de Altobuey, el alcalde Don Tomás Martínez, que desconfiaba de los
vecinos del pueblo que eran simpatizantes carlistas, en la noche del dos
de setiembre de 1834, se pasó por las casas de varios de ellos y
comprobó que ninguno estaba en ellas. Los
hizo llamar al Ayuntamiento a la mañana siguiente y les reconvino por
esta falta y se disculparon por haberse ausentado. |
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El
alcalde, no estimando suficiente la disculpa, les ordenó que se
presentaran en la cárcel para dejarlos detenidos como precaución al
ser consciente de que no tenía fuerzas de la milicia para evitar
cualquier sublevación. Los
carlistas le suplicaron que les permitiera comer en sus casas antes de
ingresar en la cárcel, y habiéndoles dado permiso para ello, en lugar
de hacerlo así, se marcharon todos juntos hacia la chopera del puente. Presumiendo el alcalde que esta reunión fuese la preparación deuna sublevación, se dirigió, como a las tres de la tarde, al sitio donde |
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Lugar donde se produjo la sublevación carlista |
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estaban para
arrestarlos, acompañado del regidor Vicente Olivares y el
secretario, Juan Bernardino Turégano, y
los cinco únicos
milicianos
que habían quedado en el Picazo. Cuando
se acercaron a una
distancia de cincuenta pasos, salieron de la chopera los que estaban
emboscados en ella haciendo fuego con las armas que llevaban dando al
mismo tiempo las voces de ¡Viva Carlos V! y ¡A ellos!. Viendo el Alcalde la superioridad de las fuerzas de los sublevados retrocedió y mandó a los que le auxiliaban que le siguieran al pueblo para rehacerse con más fuerzas, pero los sediciosos los rodearon con algazara y gritería , haciendo muchas descargas de sus armas.Una de las balas dio al secretario Juan Bernardino Turégano causándole la muerte en el acto. |
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Las fuerzas leales se replegaron hacia el pueblo
y el alcalde llegó a su casa pálido y sin poder casi respirar
pidiendo a toda prisa el caballo y montando en él en pelo marchó a
escape a Tébar para traer las milicias de ese pueblo. A continuación los sublevados avanzaron hacia el pueblo y atacaron la casa del alcalde y varias casas de los miembros dela milicia de las que sustrajeron diversos efectos y dinero. Una
vez realizados los saqueos, y ante el peligro de que llegaran refuerzos
de Sisante y Tébar, se retiraron hacia el puente desde donde, reunidos
ya en facción, escaparon por la vereda adelante, yendo a esconderse en
la casa de campo llamada Navodres, cerca de Buenache de Alarcón. Cuando
se encontraban escondidos en Navodres se corrió la voz de que llegaban
los nacionales y cada uno tiró por su lado. Algunos fueron capturados
enseguida y otros se marcharon hacia la sierra de Cuenca a incorporarse
a las tropas de Cabrera. |
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A lo largo de los años 1835 y 1836 se siguen produciendo
continuos saqueos y robos en los pueblos provocados por las partidas
carlistas que deambulan por la región.
En el mes de marzo de 1836 las partidas eran un peligro real para
los pueblos del partido y el Comandante General de la Provincia se
dirigió a las milicias de guardias nacionales de los pueblos
solicitando ayuda para eliminar las partidas carlistas y recuperar la
tranquilidad de los pueblos. La
milicia del Picazo, siempre dispuesta, se ofrece en su totalidad para
salir en auxilio de los pueblos atacados, pero el Ayuntamiento,
recordando la trágica experiencia del 3 de setiembre de 1834, acuerda
enviar a la mitad de la milicia, permaneciendo la otra mitad, junto con
algunos voluntarios, de guardia, en el pueblo.
La entrada de las partidas carlistas en los pueblos para cobrar
impuestos y robar es una constante durante estos años. Para prevenir lo
más posible los daños, las milicias del partido de Motilla se
organizaron y repararon el castillo de Alarcón para instalar en el un
grupo permanente de la milicia que servía tanto para
la defensa de la comarca como para dar refugio a los liberales más
comprometidos de los pueblos, cuando se acercaban partidas carlistas.
La
guarnición del fuerte de Alarcón estaba constituida por milicianos de
los pueblos que cubrían el servicio de forma rotativa, pagando cada
Ayuntamiento el sueldo fijado a sus milicianos. |
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El
Picazo, por la importancia de su milicia y las numerosas salidas que había
hecho para atacar a las partidas carlistas tenía un numeroso grupo de
liberales que eran buscados por los carlistas y corrían peligro, entre
ellos varios miembros del Ayuntamiento. En prevención de posibles ataques al pueblo, el Ayuntamiento en 20 de febrero de 1837 acordó el nombramiento de un ayuntamiento paralelo para ponerse al frente del pueblo y recibir a las partidas carlistas en caso de tener que escapar los liberales a refugiarse en Alarcón.Asi tenían un ayuntamiento para recibir a las tropas leales y otro para recibir a las tropas carlistas. Todavía a fines del año 1838 se hallaban 15 vecinos en las filas rebeldes y solamente 3 se encontraban en las filas nacionales. |
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El Picazo, desde la primera guerra carlista mantenía un
importante grupo de simpatizantes del carlismo bien organizado a cuyo
frente existía una junta integrada por D.
Gregorio Sáiz, D. Mariano Miguel Blasco, D. Estanislao Vallés Martínez,
D. Julián Pastor Meneses, D. Gerardo Sáiz Sáiz, D. Felipe Sáiz
Pastor y D. Isidoro Pastor Montejano.
Al comienzo de la tercera guerra, y por orden del Gobernador
Civil de la provincia, quedó disuelta la citada junta.
Los
simpatizantes más entusiastas se marcharon inmediatamente a enrolarse
en las filas carlistas e incluso a fines del año 1874 no se pudieron
enviar al ejércitos los mozos a los que les correspondía incorporarse
porque, según comunica el Ayuntamiento al Gobernador Civil, todos los
mozos de la quinta se habían marchado a los carlistas. |
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Una vez que se proclamó rey a Alfonso XII, la guerra carlista
dio un vuelco y comenzaron a desaparecer las partidas de la provincia de
Cuenca. Los vecinos del Picazo que estaban en el bando carlista, comienzan a desertar a partir de mediados de 1875 y regresan al pueblo, acogiéndose al indulto concedido por el Rey a los que abandonasen las armas. Con relación a los vecinos que todavía no habían regresado, el Gobierno Civil tomó medidas de destierro para sus familias, entregándoles pasaporte para su destino. Las familias en que quedaban otros hijos varones en edad militar, fueron desterrados a Mallorca y las que no los tenían, fueron desterrados a Estella, la capital de los carlistas. |
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Las secuelas de la guerras carlistas, favorecido por los indultos
generales, terminaron rápidamente y así el 1 de octubre de 1876, ya no
quedaba vecino ni familia
que estuvieran desterrados o confinados.
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