Las Guerras Carlistas

La Constituci贸n de C谩diz determin贸 la creaci贸n de un cuerpo de milicias nacionales, pero 茅ste no se configur贸 hasta bien entrado el Trienio Liberal (1820-1823). En abril de 1820 se comenz贸 a poner en marcha la creaci贸n de la Milicia Nacional con el fin primordial de abortar las intentonas golpistas de la Guardia Real, de car谩cter absolutista. Los milicianos se eleg铆an entre quienes dispon铆an de propiedad, renta, industria u otro modo de subsistir a juicio del ayuntamiento y los cargos eran amovibles y electivos y eran compatibles las funciones en la milicia con la actividad profesional.

Entre las obligaciones de la milicia estaban: 鈥渟ostener la Constituci贸n鈥, 鈥渄ar las patrullas necesarias para mantener el sosiego p煤blico鈥 y 鈥渄efender los hogares y t茅rminos de sus pueblos de los enemigos interiores y exteriores鈥

El Picazo, que era un pueblo de ideas bastante liberales, enseguida se puso manos a la obra para constituir su milicia, que qued贸 formada por 56 milicianos y dispon铆a como armamento de 11 escopetas y 4 bayonetas. La milicia fue un instrumento muy importante en la vida del pueblo durante la mayor parte del siglo XIX ya que era la 煤nica fuerza de orden en los pueblos hasta que se constituy贸 la Guardia Civil y se fue haciendo cargo del orden p煤blico en las zonas rurales. La milicia del Picazo tuvo un papel destacado durante las guerras carlistas.

Al comienzo de la sublevaci贸n carlista hubo muchos intentos en diversos pueblos de las provincias de Cuenca y La Mancha de unirse al partido carlista. En realidad la mayor铆a de las partidas de la Mancha, m谩s que carlistas de ideas, eran grupos que se dedicaban a combatir por su cuenta y en provecho propio, recaudando y extorsionando a los ricos y a los pueblos.

En el mes de setiembre de 1834 se produjo un levantamiento de facciosos carlistas en Campillo de Altobuey, que fue atacado por la partida de Perejil. La milicia del Picazo alertada, sale al completo a defender Campillo y, aprovechando su ausencia, el tres de septiembre se produce un levantamiento de los carlistas del Picazo, dirigidos por Pedro Aquilino Zapata, de 23 a帽os, estudiante de filosof铆a, natural de Cardenete, considerado el comandante de la sublevaci贸n. Una vez que sali贸 la milicia hacia Campillo de Altobuey, el alcalde Don Tom谩s Mart铆nez, que desconfiaba de los vecinos del pueblo que eran simpatizantes carlistas, en la noche del dos de setiembre de 1834, se pas贸 por las casas de varios de ellos y comprob贸 que ninguno estaba en ellas. Los hizo llamar al Ayuntamiento a la ma帽ana siguiente y les reconvino por esta falta y se disculparon por haberse ausentado. El alcalde, no estimando suficiente la disculpa, les orden贸 que se presentaran en la c谩rcel para dejarlos detenidos como precauci贸n al ser consciente de que no ten铆a fuerzas de la milicia para evitar cualquier sublevaci贸n. Los carlistas le suplicaron que les permitiera comer en sus casas antes de ingresar en la c谩rcel, y habi茅ndoles dado permiso para ello, en lugar de hacerlo as铆, se marcharon todos juntos hacia la chopera del puente. Presumiendo el alcalde que esta reuni贸n fuese la preparaci贸n de una sublevaci贸n, se dirigi贸, como a las tres de la tarde, al sitio donde estaban para arrestarlos, acompa帽ado del regidor Vicente Olivares y el secretario, Juan Bernardino Tur茅gano y los cinco 煤nicos milicianos que hab铆an quedado en el Picazo. Cuando se acercaron a una distancia de cincuenta pasos, salieron de la chopera los que estaban emboscados en ella haciendo fuego con las armas que llevaban dando al mismo tiempo las voces de 隆Viva Carlos V! y 隆A ellos!. Viendo el Alcalde la superioridad de las fuerzas de los sublevados retrocedi贸 y mand贸 a los que le auxiliaban que le siguieran al pueblo para rehacerse con m谩s fuerzas, pero los sediciosos los rodearon con algazara y griter铆a, haciendo muchas descargas de sus armas. Una de las balas dio al secretario Juan Bernardino Tur茅gano caus谩ndole la muerte en el acto.

Las fuerzas leales se replegaron hacia el pueblo y el alcalde lleg贸 a su casa p谩lido y sin poder casi respirar pidiendo a toda prisa el caballo y montando en 茅l a pelo march贸 a escape a T茅bar para traer las milicias de ese pueblo. A continuaci贸n los sublevados avanzaron hacia el pueblo y atacaron la casa del alcalde y varias casas de los miembros de la milicia de las que sustrajeron diversos efectos y dinero. Una vez realizados los saqueos, y ante el peligro de que llegaran refuerzos de Sisante y T茅bar, se retiraron hacia el puente desde donde, reunidos ya en facci贸n, escaparon por la vereda adelante yendo a esconderse en la casa de campo llamada Navodres, cerca de Buenache de Alarc贸n. Cuando se encontraban escondidos en Navodres se corri贸 la voz de que llegaban los nacionales y cada uno tir贸 por su lado. Algunos fueron capturados enseguida y otros se marcharon hacia la sierra de Cuenca a incorporarse a las tropas de Cabrera.

A lo largo de los a帽os 1835 y 1836 se siguen produciendo continuos saqueos y robos en los pueblos provocados por las partidas carlistas que deambulan por la regi贸n. En el mes de marzo de 1836 las partidas eran un peligro real para los pueblos del partido y el Comandante General de la Provincia se dirigi贸 a las milicias de guardias nacionales de los pueblos solicitando ayuda para eliminar las partidas carlistas y recuperar la tranquilidad de los pueblos.

La milicia del Picazo, siempre dispuesta, se ofrece en su totalidad para salir en auxilio de los pueblos atacados pero el Ayuntamiento, recordando la tr谩gica experiencia del 3 de setiembre de 1834, acuerda enviar a la mitad de la milicia, permaneciendo la otra mitad, junto con algunos voluntarios, de guardia en el pueblo.

La entrada de las partidas carlistas en los pueblos para cobrar impuestos y robar es una constante durante estos a帽os. Para prevenir lo m谩s posible los da帽os, las milicias del partido de Motilla se organizaron y repararon el castillo de Alarc贸n para instalar en el un grupo permanente de la milicia que serv铆a tanto para la defensa de la comarca como para dar refugio a los liberales m谩s comprometidos de los pueblos cuando se acercaban partidas carlistas. La guarnici贸n del fuerte de Alarc贸n estaba constituida por milicianos de los pueblos que cubr铆an el servicio de forma rotativa, pagando cada Ayuntamiento el sueldo fijado a sus milicianos.

El Picazo, por la importancia de su milicia y las numerosas salidas que hab铆a hecho para atacar a las partidas carlistas ten铆a un numeroso grupo de liberales que eran buscados por los carlistas y corr铆an peligro, entre ellos varios miembros del Ayuntamiento. En prevenci贸n de posibles ataques al pueblo, el Ayuntamiento en 20 de febrero de 1837 acord贸 el nombramiento de un ayuntamiento paralelo para ponerse al frente del pueblo y recibir a las partidas carlistas en caso de tener que escapar los liberales a refugiarse en Alarc贸n. As铆, ten铆an un ayuntamiento para recibir a las tropas leales y otro para recibir a las tropas carlistas.

Todav铆a a fines del a帽o 1838 se hallaban 15 vecinos en las filas rebeldes y solamente 3 se encontraban en las filas nacionales. El Picazo, desde la primera guerra carlista manten铆a un importante grupo de simpatizantes del carlismo bien organizado a cuyo frente exist铆a una junta integrada por D. Gregorio S谩iz, D. Mariano Miguel Blasco, D. Estanislao Vall茅s Mart铆nez, D. Juli谩n Pastor Meneses, D. Gerardo S谩iz S谩iz, D. Felipe S谩iz Pastor y D. Isidoro Pastor Montejano.

Al comienzo de la tercera guerra, y por orden del Gobernador Civil de la provincia, qued贸 disuelta la citada junta. Los simpatizantes m谩s entusiastas se marcharon inmediatamente a enrolarse en las filas carlistas e incluso a fines del a帽o 1874 no se pudieron enviar al ej茅rcito los mozos a los que les correspond铆a incorporarse porque, seg煤n comunica el Ayuntamiento al Gobernador Civil, todos los mozos de la quinta se hab铆an marchado a los carlistas. Una vez que se proclam贸 rey a Alfonso XII, la guerra carlista dio un vuelco y comenzaron a desaparecer las partidas de la provincia de Cuenca. Los vecinos del Picazo que estaban en el bando carlista, comienzan a desertar a partir de mediados de 1875 y regresan al pueblo, acogi茅ndose al indulto concedido por el Rey a los que abandonasen las armas. Con relaci贸n a los vecinos que todav铆a no hab铆an regresado, el Gobierno Civil tom贸 medidas de destierro para sus familias, entreg谩ndoles pasaporte para su destino. Las familias en que quedaban otros hijos varones en edad militar, fueron desterradas a Mallorca y las que no los ten铆an, fueron desterradas a Estella, la capital de los carlistas. Las secuelas de la guerras carlistas, debido a los indultos generales, terminaron r谩pidamente y as铆 el 1 de octubre de 1876, ya no quedaba vecino ni familia que estuvieran desterrados o confinados.

Las ideas era otra cosa y por lo que se ve, los carlistas del pueblo siguieron manteni茅ndose en ellas y as铆, todav铆a el 8 de enero de 1887 el alcalde se ve en la obligaci贸n de comunicar al Gobernador Civil 鈥渜ue algunos vecinos de esta localidad se presentan en p煤blico con boinas rojas禄.